Los años transcurren, los meses, las semanas, las horas y todo de manera cíclica, con sus cálculos constantes y repetitivos, y nosotros regimos nuestra vida a partir de estas imposiciones de lo que nos dicen que es el tiempo. Entonces llega fin de año, y la gente dice y espera que ese momento entre el "cero" y el "feliz año nuevo" genere un quiebre de todo lo que fue en sus vidas durante cierto período del tiempo. Listo, eres una persona nueva, puedes comenzar todo nuevamente, esta vez tal vez pienses un poco más antes de equivocarte... O no. Pero da igual, siempre puedes volver a empezar, cada 365 días, o cada lunes que así elijas, siempre puedes cambiar una decisión y así volver a comenzar.
Insisto, ¿qué es lo que el tiempo trae para mí? ¿Dónde rompe sus líneas, dónde comienza algo y termina otra cosa? No puedo ordenar esto dentro de mí, pero me llego a convencer de que realmente las cosas se superponen, todo dentro del silencio de mi alma. Yo también lo intenté: que el tiempo me sanara, que me diera las respuestas, darle tiempo al tiempo para que arreglara las cosas, nunca funcionó, o tal vez sí y es una lástima no tener la salud mental suficiente como para poder apreciar que sí hizo lo suyo. Pero entremedio el tiempo tardaba, y no decía nada, y simplemente perdí mi tiempo en él, postergando lo inevitable.
Una tras otra, las decisiones en mi vida son meros saltos de fe. Mucha fe. Mucha fe en las personas, en mí misma; creerme capaz de lo que no podía, creer al resto capaz de lo que nunca pudo, es la incertidumbre lo que simplemente nos marcará por siempre, casi en su totalidad. Todos necesitan un ancla que te estabilice de todos los vaivenes y turbulencias del tiempo, que nos saque de esa inestabilidad, la carta mágica bajo la manga, un algo atemporal que nos haga evadir el ciclo vertiginoso de lo que el tiempo decide hacer con nosotros.
El tiempo no es el que nos brinda madurez, enseñanzas, esa es la vida, esas son las decisiones y los saltos de fe que nos hacen ver las cosas como realmente son, pero uno decide hacerle más caso al tiempo, porque es más fácil abrir la ventana y ver los días pasar que encerrarse para mirarse a uno mismo, y analizar y notar lo que pasa e irá pasando.
Nunca vamos a crecer mirando hacia el techo, la respuesta está siempre más cerca de lo que queremos creer, porque está dentro de uno, y confiar y hablar con uno mismo, abrir bien los ojos para aceptar y creer en lo que realmente tienes, valorar y proteger lo que es realmente importante para ti, ese es el salto de fe más grande de todos, el más imposible. Porque siempre piensas que el tiempo traerá lo mejor, eventualmente, pero es bastante probable que no sea así, porque si te quedas mirando y esperando del otro lado de la ventana te vas a perder lo que quizás el tiempo y la vida nunca más te pueda traer.
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